Guarda huellas de la muerte

El siguiente reportaje fue investigado a partir de una averiguación previa y publicado en EL IMPARCIAL el 27 de junio del 2005. El documento sólo fue la primer pista para una serie de investigaciones acerca de los hechos ocurridos alrededor de la muerte de un obrero en Guaymas, Sonora. El caso actualmente está cerrado.

– Autoridades: Infarto; Necropsia: Fue golpe

Muere su hijo en forma rara

Para el padre de Francisco Javier Reyes Murillo, el caso no está resuelto e investiga por su cuenta

TEXTO: SHAILA ROSAGEL

@ShailaRosagel

Francisco Javier Reyes Murillo murió oficialmente de un infarto, pero los golpes en su cuerpo y la necropsia que solicitó su padre revelan lo contrario: El joven falleció por un golpe en el tórax.

Juan Manuel Reyes Vidaurrazaga se enteró de que su hijo había muerto el 4 de noviembre del 2003 mientras trabajaba en la empresa Acuícola del Yaqui de Guaymas.

Cuando le entregaron el cadáver observó que el cuerpo presentaba golpes en la frente, brazos y piernas, por lo que solicitó una necropsia que fue contundente.

“Encuentro que la causa real de muerte de Francisco Javier Reyes Murillo fue por traumatismo compresivo de tórax, que lamentablemente no produjo fractura”, dictaminó Ceferino Ortega Chacón, médico legista independiente.

El padre de familia filmó y fotografió los golpes en su hijo mientras era velado y pidió al entonces Ministerio Público de Guaymas, Arturo Salazar López, diera fe de lo encontrado, pero este no acudió.

“Inmediatamente que hice el descubrimiento fui con el (agente del) Ministerio Público, le puse el video arriba de la mesa y le mostré todo lo que yo descubrí, el video no trató de verlo, me citó para el otro día, entonces le pedí ir a ver el cuerpo”, relató.

Con dudas y dolor, don Juan Manuel tuvo que sepultar el cuerpo después de cuatro días de espera sin que el Ministerio Público lo viera y se convirtió en la sombra de testigos y autoridades con la esperanza de respuestas.

El dictamen de la necropsia independiente es la prueba más contundente que don Juan Manuel Reyes posee para confirmar las sospechas de que su hijo no murió por un infarto al corazón como le hicieron creer.

El dictamen de la necropsia independiente es la prueba más contundente que don Juan Manuel Reyes posee para confirmar las sospechas de que su hijo no murió por un infarto al corazón como le hicieron creer.

Además existen declaraciones de testigos contradictorias, al igual que los resultados médicos y la actitud de los encargados por ley de investigar la querella que don Manuel interpuso el 3 de diciembre donde solicitó una investigación.

Pero el caso ni siquiera ha sido indagado por las autoridades.

Graba huellas de la muerte.

Lloran viuda y sus 3 hijos

“A veces comen sopita, frijoles, cuando mis papás tienen para comprar algo más, comen caldito de pollo, cuando estaba mi esposo era distinto”, exclamó Reyna María Luisa Hernández Núñez.

Una viuda con tres hijos pequeños quedaron desprotegidos con la muerte de Francisco Javier Reyes Murillo. Sus vidas cambiaron, ahora viven en forma precaria.

María Guadalupe, de 5 años, Miguel Ángel de 3 y Reyna Esmeralda Reyes Hernández de 7 meses quedaron al lado de su madre Reyna María.

La joven alimenta a sus hijos con una pensión del Seguro Social de mil 200 pesos que es insuficiente para costear los gastos de alimentación, vestido, calzado, leche y pañales.

“No me alcanza pues compro los pañales de los niños, leche y con lo que me sobra compro algo que ellos quieren, cosas así, lo que ellos ocupan”, dijo mientras rompía en llanto.

Más de un año pasó desde la muerte de su esposo y para Reyna la situación es precaria para ella y sus hijos.

Vive en casa de sus padres, quienes le ayudan con lo que pueden.

Toma video del cadáver de su hijo donde aparecen los rastros de la violencia

 “Guarda” huellas de la muerte

Manuel Reyes Vidaurrazaga, en pleno velorio, en medio del llanto de su esposa, abrió el féretro de su hijo, lo desvistió y encontró en el cuerpo inerte los golpes y moretones que provocaron el deceso

TEXTO: SHAILA ROSAGEL

En pleno velorio, en medio del llanto de la esposa, la madre y de los hermanos, don Manuel Reyes Vidaurrazaga abrió el féretro de su hijo para encontrar las pruebas a sus sospechas.

Le quitó el saco, la camisa y pudo ver los moretones en sus brazos y espalda, luego le despojó de los pantalones para observar los raspones en sus piernas.

Contuvo el llanto y señaló a quien filmaba y tomaba fotos, uno a uno los golpes que iba descubriendo al tiempo que lo desvestía.

Este suceso quedó grabado en un video el 5 de noviembre del 2003, en el funeral de Francisco Javier Reyes Murillo.

Todo comenzó cuando don Juan Manuel Reyes vio un golpe en el lado derecho de la frente de su hijo, aún en la funeraria.

El morete le sembró la duda sobre la verdadera causa de la muerte de su hijo y decidió llevarse el cuerpo sin vida de Francisco Javier Reyes Murillo a su domicilio para velarlo.

Don Manuel, de 70 años, sabía, a través de sus conocimientos autodidactas de las leyes que para revisar el cadáver debía trasladarlo a casa.

“Fue hasta el 5 (de noviembre del 2003) cuando lo revisé, mandé traer a alguien que le tomara video y fotos y le quitamos la ropa para verlo”, relató don Manuel. Desde ese momento a la fecha, don Manuel no quita el dedo del renglón para comprobar que el occiso no murió a causa de muerte súbita provocada por un infarto al corazón, como se especifica en el acta de defunción, sino de un atropellamiento.

Francisco Javier era empleado de la empresa Acuícola del Yaqui como jefe de Charolas y entre sus obligaciones realizaba trabajos de intendencia, estaba casado y tenía tres hijos pequeños.

Murió el 4 de noviembre del 2003, mientras realizaba sus labores en la acuícola, hubo varios testigos en el momento del fallecimiento con versiones contradictorias sobre su muerte al igual que los dictámenes médicos.

Desde su muerte hasta que el cuerpo llegó a manos de sus familiares, hay un periodo desde las 6:30 hasta las 10:00 horas, en donde el relato de lo que sucedió es contradictorio.

Supuesto atropellamiento

Los hechos investigados por don Juan Manuel, padre de Francisco Javier, la revisión de varios documentos y las versiones de testigos ponen a la luz otra versión sobre lo sucedido.

“Cuando miré que Javier estaba tirado, el dueño del carro estaba en la pura puerta, no era infarto, era accidente de golpe de carro”, aseguró Rubén Lizárraga López, testigo de los hechos.

Lizárraga López vio muerto a Francisco Javier alrededor de las 7:00 horas de aquel día y observó cómo entre el gerente de la empresa y personas ajenas a ésta, que supuso eran autoridades, revisaron el cuerpo.

“Lo voltearon, tiene un golpe en el costado de los riñones, otro en la nuca, lo pusieron de ladito, entonces cuando lo voltearon le tomaron unas cuatro fotografías”, relató remitiéndose a la escena de aquella mañana.

Este testigo también presenció cómo el cuerpo de Francisco Javier fue despojado de su camiseta y de las botas de trabajo.

“Vi al Ramón, el dueño del carro y al hijo de él, que estaba en el carro, estaba abierta la puerta y ellos estaban en la cabina. El Ramón estaba nervioso”, indicó este testigo que está dispuesto a declarar.

Pero Ramón González declaró que cuando Francisco Javier murió él se encontraba en Empalme y que llegó al lugar de los hechos a las 9:00 horas, cuando ya estaba muerto y cubierto con una sábana.

Un fuerte golpe

Otro testigo de los hechos, un joven de 17 años (por ser menor de edad se omite el nombre) vio a Francisco Javier antes de la muerte.

Éste vio con vida al obrero a las 7:00 horas, a quien saludó; a las 7:30 escuchó un fuerte golpe, para minutos después a través la rendija de una ventana ver a su compañero muerto.

“No había pasado ni media hora cuando escuché un tronido muy fuerte como si un carro hubiese pegado contra algo, todos los que estaban presentes en el área de descabezado lo escuchamos”, declaró según consta en el expediente sobre la muerte.

En su declaración narra cómo “en mediodía” a la hora de la comida volvió a la bodega donde vio sobre el suelo a Francisco Javier, para observar una playera manchada de sangre oculta a un lado del portón.

Al lugar también acudieron parientes como Felipe Reyes Murillo, tío del finado, que fue notificado de la muerte a las 7:40 horas por los mismos trabajadores de la empresa.

Al lugar también acudieron parientes como Felipe Reyes Murillo, tío del finado, que fue notificado de la muerte a las 7:40 horas por los mismos trabajadores de la empresa.

“Oye, allá acaban de matar a un muchacho, oye debes de ir, porque parece que es un sobrino tuyo’, ah le dije, y entonces fui y efectivamente sí era”, recordó Felipe Reyes.

Felipe, tío de Francisco Javier, había pasado alrededor de las 7:00 horas frente a la cochera de la empresa donde saludó a su sobrino, el cual se encontraba ya laborando.

“Yo pasé y lo saludé de mano, y yo seguí de paso, al dar vuelta encontré al carro que venía, era ese tonelada”, anotó.

“(Al llegar al lugar y ver el cuerpo) le vi los golpes, le vi las uñas que estaban llenas de sangre, ya le vi moretones, le vi golpes en la frente”, narró.

No coinciden

Según la averiguación previa a la que tuvo acceso EL IMPARCIAL, el dueño del camión tipo tonelada, su hijo y quien dijo conducía ese día el vehículo, la muerte ocurrió entre las 8:30 y 10:00 horas.

Ni las horas, ni los hechos coinciden, pues mientras uno de los testigos señala que el camión tenía de 15 a 20 minutos estacionado al momento de la muerte, otro narra que el suceso ocurrió cuando se estacionaba de reversa.

Según la declaración de Arturo López Quiñónez, jefe de recepción del camarón y Diego Rogelio Gastélum Domínguez, vigilante de la empresa, coinciden en que Francisco Javier murió entre las 9:30 y 10:00 horas de la mañana.

Gastélum Domínguez declaró que el camión involucrado tenía de 10 a 15 minutos estacionado de reversa en el área de descarga, mientras Marco Antonio Bermúdez García y Aarón Ramsés González Jara, copiloto, argumentaron que el vehículo estaba en movimiento para ser estacionado de reversa.

Ellos aseguran que después del suceso, Francisco Javier yacía en el suelo convulsionando durante 10 a 15 minutos hasta que falleció.

Estos testigos fueron ofrecidos como pruebas de su versión por Roberto Romano Terrazas, gerente de la empresa.

La versión oficial

Los testigos mencionados relatan que la muerte ocurrió entre las 7:00 y 10:00 horas, pero la Cruz Roja y el parte policiaco consignan que fue entre las 8:30 y 8:45.

“A las 8:30 fuimos notificados por el gerente de la planta de que estaba un hombre tirado y convulsionándose”, se lee en el parte policiaco de aquel día. El parte está archivado en la Comandancia de Policía Oriente, firmado por Marco Bermúdez García, comandante de la Unidad de Policía Oriente de Guaymas.

En el informe de la Cruz Roja se aprecia “hora de salida: 8:45…”, dictamen: “Al llegar estaba el cuerpo sin vida, tenía 15 minutos sin signos vitales”, firmado por Ricardo Gallegos Delgadillo, encargado del servicio ese día.

En este documento no se especifica la hora en la que se recibió la llamada de auxilio desde la empresa Acuícola del Yaqui, pero sí que al llegar, siete minutos más tarde, el occiso tenía quince minutos de muerto.

Errores

“Ese es un error, tenía mucho trabajo”, reconoció Geo Núñez Quezada, el entonces médico legista que realizó la autopsia, al aceptar cometer errores en el acta de defunción y dictamen que firmó por exceso de trabajo.

Errores como omitir el lugar donde ocurrió la muerte, señalar que se encontraba realizando labores propias de su trabajo y no incluyó el número de seguridad social en el informe de la autopsia fechado con el 4 de octubre.

Geo Núñez escribió en el punto 16 sobre causas de defunción: “ A) infarto al miocardio, debido a dolores precordiales, debido a tabaquismo intenso crónico”, con un intervalo de tres meses entre el inicio de la enfermedad y la muerte.

En su reporte autopsia anotó que la causa de la muerte fue por “muerte súbita por infarto al miocardio”.

Después en entrevista dijo: “Pero yo en ningún momento hice las cosas con dolo, de forma ventajosa para alguien”.

Sin embargo al cuestionarlo sobre los datos que quedaron sin llenar en el acta, los errores incurridos y los meses señalados como previos a la muerte, expresó que su investigación médica la realizó con la esposa del occiso y familia.

Francisco era sano

En cuanto a sus antecedentes médicos, no hay alguno que pueda probar que Francisco Javier Reyes Murillo tenía padecimientos que lo relacionaran con alguna enfermedad del corazón o síntomas.

El expediente clínico 2486694509 archivado en la unidad familiar número 4 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en Guaymas, no refleja ninguna enfermedad complicada.

“Se checó el 2 de septiembre del 2002, debido a que presentaba una herida suturada en el pie izquierdo del talón, el 28 de agosto del 2002 fue calificado como accidente de trabajo, es todo lo que hay”, informó Daniel Peña Díaz, director de la unidad del IMSS.

Con seguridad social desde 1963, el finado Francisco Javier pocas veces acudió a consulta, su expediente permanecía limpio, a decir de su familia, porque siempre fue un hombre con buena salud.

Muere por golpe: Necropsia

Debido a las sospechas de lo sucedido ese 4 de noviembre, ya con una querella ante el Ministerio Público, sin resolver ni investigar, Juan Manuel Reyes Vidaurrazaga, padre de la víctima, solicitó exhumar el cadáver, y se hizo el 30 de enero del 2004.

“No existen evidencias traumáticas o violentas en el resultado del segundo estudio médico forense que practicamos posterior a la exhumación”, se lee en el documento sellado y fechado el 2 de febrero del 2004 y firmado por Jesús Meraz Caballero y Horacio Ríos, médicos legistas de la PGJE.

Sin embargo “por todas las circunstancias probatorias se concluye que el diagnóstico de la causa de muerte de Francisco Javier Reyes Murillo, fue postraumático”, asentó Ceferino Ortega Chacón, médico legista independiente, contratado por don Juan Manuel.

En documento firmado el 12 de marzo del 2004 certificó que la causa real de muerte de Francisco Javier fue producida por un golpe que le oprimió el tórax, el cual le causó la muerte.

“Dios me perdone”: Testigo

“No quiero problemas, como yo le dije a su hija, no quiero problemas, el Javier que me está viendo que me perdone, yo sé que él dejó hijos, yo también tengo hijos, habemos varios los que saben.

“Yo estoy bien seguro que nadie (va hablar) ¿por qué? porque no quieren problemas, nadie, la verdad si yo le digo o le dicen los demás compañeros, nos van a jalar a la judicial donde tengan la demanda”.

Éstas son las palabras de Alán Díaz, un trabajador de la empresa Acuícola del Yaqui, en una conversación con Juan Manuel Reyes, la cual consta en una cinta que fue puesta a disposición de EL IMPARCIAL.

“Simplemente yo, quiero estar a gusto en mi vida, tengo mis hijos, mi familia, ahorita económicamente ando bien ‘jod…’, tengo dos ‘jales’ (trabajos), la verdad, discúlpeme, que Dios me perdone”.

El padre del finado solicitó entre sus testigos al Ministerio Público, llamar a declarar a Alán, quien ha sido citado en tres ocasiones a las cuales no se ha presentado, pues debió hacerlo en su presencia.

Alán Díaz, después de la muerte de Francisco Javier, comentó a Celia Reyes Murillo, hermana del occiso que él había visto todo lo sucedido ese día 4 de noviembre del 2003 y que “Los Romano” lo vigilaban.

Al cuestionarlo sobre estas aseveraciones de la familia, Alán negó a la reportera de EL IMPARCIAL tener conocimiento de lo que sucedió, además de asegurar que se presentó tres veces ante el Ministerio Público.

“Sí me presenté, pues no me acuerdo (la fecha) la vez que se me citó, me presenté, (el Ministerio Público) me hizo las preguntas, pero yo no sabía, no estaba presente el día de los hechos, me encontraba laborando, no vi nada”, aseveró.

Tenía problemas

Sin embargo, a pesar de este testigo, existen otros que aseguran que Francisco Javier Reyes tenía problemas con algunas personas en su trabajo.

“Una vez me comentó que si le hacía un paro, le dije en qué forma, y me dijo ‘un chavalo’ como que me trae tirria, es uno moreno medio ponchadito, entonces yo te digo a ti que si me haces un paro, que me ayudes”.

Eso le dijo Francisco Javier Reyes Murillo a su amigo Víctor Castro, dos meses antes de su misteriosa muerte, mientras que días antes de ésta le comentó a su madre que tenía problemas con personas en el trabajo.

Víctor Manuel no volvió a saber de Francisco Javier hasta tres días después del 4 de noviembre del 2003, cuando le informaron que había muerto. Ahora asegura que está dispuesto a declarar oficialmente.

Otras piezas claves

“Usted no me asusta, no le tengo miedo, publique lo que quiera”, dijo Roberto Romano Terrazas en el recibidor de su oficina vía telefónica al ser comunicado. Se negó a dar su versión de los hechos.

Geo Núñez Quezada, quien realizó la autopsia salió de su puesto como médico general y legista de Guaymas el 31 de diciembre del 2003 a causa del “recorte” del Gobierno estatal.

Y Luis Arturo Salazar, agente del Ministerio Público renunció el 21 de junio del 2004.

Actualmente la investigación está bajo la responsabilidad del Ministerio Público Álvaro López Ochoa, quien solicita a Juan Manuel Reyes recopile pruebas, para resolver el caso.

“Vamos a trabajar en este asunto, tráigame todas las pruebas que usted tenga, tráigalas para desahogarlas”, contestó el representante social en una reunión, lo que consta en una grabación.

Debido a las inconsistencias investigadas sobre esta muerte, la familia califica lo sucedido como un acto de corrupción, negligencia, impunidad y a pesar de todo, ellos confían en que se hará justicia para que Francisco Javier Reyes Murillo pueda descansar en paz.

Lucha por descubrir la verdad

TEXTO: SHAILA ROSAGEL

Desde la muerte de su hijo, don Juan Manuel Reyes Vidaurrazaga no puede dormir tranquilo, pues la verdad sobre lo sucedido, aún está pendiente por resolver.

A falta de una investigación profunda de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), él se ha convertido desde el 4 de noviembre hasta la fecha en investigador.

Don Juan Manuel es un carpintero de 70 años y con sus escasos recursos

pagó desde una necropsia de 5 mil pesos hasta tres abogados; porque aún confía que con las evidencias que recabe logrará justicia.

Una lucha motivada por sus tres nietos pequeños que quedaron sin padre, al lado de una viuda que no puede trabajar pues aún tiene un hijo de meses.

“La verdadera causa es que yo estoy viendo a los hijos que quedaron, la señora que quedó con miserables mil 200 pesos al mes”, señaló don Manuel.

Esta causa lo llevó a dejar su trabajo de carpintero desde hace más de un año, para dedicarse única y exclusivamente a investigar la muerte de su hijo.

“La investigación supuestamente era del Ministerio Público, pero a mí nunca me dijo aquí ya logramos investigar esta cosa, esta otra, entonces toda esa investigación que se ha hecho hasta ahorita, la he hecho por mí mismo”, expuso.

Don Juan Manuel recaba evidencia que demuestre la verdad, tiene videos, fotografías, testigos y el dictamen de una necropsia y la petición es la misma desde que inició: La investigación del caso.

A más de un año de la pérdida de su hijo, este padre de familia gastó sus ahorros de su trabajo como carpintero para recabar evidencias y buscar testigos.

Sin saber que los conocimientos autodidactas que posee sobre las leyes le servirían para no dejar impune la muerte de su hijo, este hombre se apoya en todos sus conocimientos.

Recaba evidencia a pesar de que el día 3 de diciembre, con la ayuda de un abogado que contrató, interpuso una querella desde esta ciudad (Hermosillo) en la que solicitó a la Procuraduría una investigación sobre los hechos.

Sin ver resultados a su petición de investigar los hechos en relación a la muerte de su hijo, pidió una exhumación del cadáver, el 30 de enero se

realizó: Don Manuel estuvo presente en la necropsia, lo que le causó un gran dolor.

“Le pido a la justicia que verdaderamente sea justa, que le dé a cada quien lo que le corresponde, eso es lo que yo pido”, manifestó.

Don Manuel no volverá a dormir tranquilo y continuará sentándose en su cama durante las noches hasta la madrugada a pensar en cómo encontrar testigos y pistas sobre la muerte de Francisco Javier.

Cronología

Sobre la muerte del obrero en la empresa Acuícola del Yaqui, en Guaymas,

el 4 de noviembre del 2003, hay versiones encontradas respecto a la

hora que se dieron los hechos.

HECHOS OFICIALES

◗ A las 8:30 horas, oficiales de la Comandancia

Oriente reciben la llamada de

Roberto Romano Terrazas, gerente de la

empresa.

◗ A las 8:45 una ambulancia de la Cruz Roja

sale rumbo a la acuícola.

◗ A las 8:52 llega a la acuícola.

◗ A las 9:00 horas el agente del Ministerio

Público por medio del radio de la Policía

Judicial escucha que hay un cuerpo sin vida.

Francisco Javier Reyes Murillo tenía 15 minutos

de muerto. Geo Núñez Quezada anota

fecha de muerte a las 9:15 horas.

◗ La autopsia se realiza a las 11:15 horas.

El dictamen: “Muerte Súbita por Infarto al

Miocardio (corazón)”.

HORAS, SEGÚN TESTIGOS

◗ A las 7:00 horas Felipe Reyes tío del occiso

lo saludó y antes de dar vuelta a la calle de

la empresa vio al carro tonelada involucrado

acercarse a la acuícola.

◗ A las 7:40 le notifi caron que su sobrino

estaba muerto.

◗ A las 7:00 un joven de 17 años vio con

vida a Francisco Javier en la empresa.

◗ A las 7.30 escuchó un fuerte golpe, minutos

después lo vio muerto.

◗ Alrededor de las 7:00 horas Rubén Lizárraga

López, trabajador de la empresa dice

vio muerto a Francisco Javier.

◗ Entre el lapso de 7:00 a 8:00 horas vio

como personal de la empresa y personas

ajenas a ésta voltearon el cuerpo, le tomaron

fotografías y lo despojaron de camiseta

y botas de trabajo.

Y SEGÚN LOS TESTIGOS OFRECIDOS

POR EL GERENTE DE LA EMPRESA

◗ Entre 9:30 y 10:00 horas ocurrió la

muerte, según Arturo Quiñónez López, jefe

de recepción de camarón y Diego Rogelio

Gastélum Domínguez, vigilante de la

empresa.

◗ Entre las 8:30 y 10:00 horas ocurrió la

muerte según Ramón González, dueño del

camión involucrado y su hijo Arón González.

◗ A las 8:45, Juan Manuel Reyes Vidaurrazaga

recibió la noticia de que su hijo había

muerto a través de una llamada telefónica

de sus hijas.

◗ A las 12.30 llegó a Guaymas a la planta

acuícola y a las 15:00 horas fue a la funeraria.

(EL IMPARCIAL, 27 de junio de 2005)

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Archivado bajo El Imparcial, Reportaje

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